“¿Tengo que dar a mi hija vitamina B12? ¡Es antinatural!”

“Si observas lo que pasa en la naturaleza, verás que el ratón se come al gusano, el armiño se come al ratón, el zorro se come al conejo y el lobo se come al cordero. Debemos llevar una alimentación natural.” ¿Cuántas veces lo hemos oído? Si no consumes productos de origen animal, seguramente no las puedas enumerar.

Y es cierto, cuanto menos procesada está la comida, menos distancia haya recorrido y menos azúcares añadidos contenga, más nutrientes nos aportará, a nosotras, a nuestro hijos y a nuestras hijas.

Pero los animales no producen sus alimentos, recolectan los vegetales, raices y frutos que ven en su entorno, depredan o carroñean. Si hay una forma de producción más alejada del entorno natural es la producción cárnica. Las granjas industriales -donde los animales son separados de sus crías de forma sistemática, acinadas, engordadas con alimentos hipercalóricos de baja calidad, tratadas con antibióticos y hormonas, para después ser “sacrificadas”- no son el mejor ejemplo de alimento “natural” que puedas dar a tus hijos e hijas. Los millones de peces capturados por flotas pesqueras o las granjas piscícolas que proliferan a medida que se aniquilan animales marinos, tampoco son un buen ejemplo de una alimentación natural.

Paradójicamente lo antinatural parece ser sólo tomar dos pastillas de suplemento de vitamina B12 a la semana. “No me parece bien que hagas tomar pastillas a tus hijos toda la vida”. Si pegas a tu hijo en público o obligas a tu hija a besar a un desconocido, seguramente nadie te dirá nada. Pero si alimentas a tu hija con una dieta libre de productos de origen animal, también habrás escuchado esa frase. Y no importa que  la dieta sea, sana y equilibrada. No importa que esté avalada por un nutricionista. No importa que te hayas documentado sobre el tema y esa persona no tenga unas nociones básicas sobre nutrición. Si la persona que tienes delante tiende a opinar sobre lo que desconoce, aunque no se le haya preguntado y ha oído que las personas veganas tomamos un suplemento vitamínico, lo dirá. Seguir Leyendo →

Cómo evitar conflictos con las familias

Una de las preguntas más habituales en los cursos de formación del profesorado que imparte Aula Animal junto con CGT Enseñanza Aragón hace referencia a cómo evitar problemas con las familias. La preocupación es sensata pues los temas conflictivos pueden generar tensiones y a ningún sector de la comunidad educativa le beneficia esta situación. Hablar en favor de los derechos animales supone cuestionar los valores que se transmiten en el proceso educativo, no solo en la escuela, sino también en el entorno familiar. Por eso es necesario hacerlo con precaución, para evitar que nadie se sienta atacado.

Hasta el momento a ninguna de las personas que formamos Aula Animal, ninguna familia, ni equipo directivo, ni inspector nos ha recriminado tratar el tema del respeto animal en el aula. Esto se debe, en cierta medida, a que tenemos en cuenta el cuándo abordar la cuestión y el cómo hacerlo.

Antes de mostrar un punto de vista alternativo al que ofrece la sociedad sobre el tema animal es importante conocer a los alumnos y alumnas. Sólo en un clima de respeto recíproco se respetarán y valorarán las ideas nuevas que se exponen. No es necesario, por tanto, comenzar en septiembre a hablar de Especismo, tenemos un curso por delante. Podemos esperar a que surja el momento adecuado sin forzar la situación.

Las ideas debemos exponerlas, no imponerlas.  Para que nadie se sienta atacado hay que evitar comenzar cuestionando prácticas que las alumnas y los alumnos hacen en su día a día, como el consumo de animales como alimento. Podemos decir simplemente que creemos que los animales no están en este mundo para satisfacer nuestras necesidades, sino para disfrutar de sus vidas, como cualquiera de nosotros. Esto, muy probablemente haga que alguien diga que “entonces no podremos comer animales”, lo que brinda la oportunidad de decir que no comemos animales. Tampoco es necesario ocultarlo.

La idea de no consumir animales será una conclusión a la que habrá llegado alguien del grupo, no una idea ya procesada que se haya expuesto por la maestra o el profesor.

Una vez que se haya generado en un grupo el debate sobre el trato que damos a los animales surgirá en los restantes grupos. A las alumnas y alumnos les encanta saber sobre la vida y las ideas personales de quien tienen delante. El momento en el que dices que no consumes productos de origen animal suele crear un clima de atención y silencio en el aula que no logra la mejor explicación sobre un contenido estrictamente curricular. Esta información sobre ti pronto se extenderá no solo por tu alumnado, sino posiblemente por alumnos a los que no das clase, e incluso se lo contarán a otros docentes y a sus familias. Cuando vayas a la siguiente clase, si has conseguido crear un clima de confianza, alguien te preguntará, “hemos oído que eres vegano/a, ¡¿es verdad?!”

Pero, como decíamos, el respeto animal puede ser entendido como un ataque, aunque esta no sea nuestra intención. El primer curso que trabajé de profesor un alumno me contó que iba todos los domingos y muchas tardes con su padre a cazar conejos. Yo le pedí que la próxima vez que tuviese a un animal en el punto de mira pensase que en sus manos estaba la decisión de dejar vivir al conejo. Que si disparaba, ese conejo en concreto perderá la posibilidad de disfrutar del resto de su vida y que su familia se sentirá dolida por la muerte.

A los pocos días me contó que seguía yendo a cazar, y que su padre le había dicho que yo “decía muchas jilipolleces”. A mí me hizo gracia el comentario de su padre, pero creo que a su padre no le hacía gracia lo que yo le había dicho a su hijo. Pocos meses más tarde tuve una tutoría con la madre -el cuidado de los hijos y la educación siguen ligados a la figura materna-. Me consta que, aunque no lo había expresado tan nítidamente, ella opinaba igual que el padre y que ambos sabían que yo conocía su punto de vista.

La conversación en la reunión giró estrictamente sobre temas académicos, ambas partes evitamos hablar sobre la cuestión animal. Yo pensé que hablar de eso no aportaría nada positivo y ella era consciente de que el hecho de que yo hubiese expuesto mi punto de vista no había alterado las costumbres familiares -padre e hijo seguían matando conejos-, algo que seguro le reconfortaba. Pero también creo que la relación que yo tenía con su hijo ayudaba a evitar situaciones de confrontación. En ningún momento le hablé con desprecio por ser cazador, e intenté ayudarle con las dificultades que presentaba en la asignatura. Los profesores no podemos olvidar que los alumnos que disfrutan matando animales son, en gran medida, víctimas de una educación que les ha anulado la empatía más allá de la especie, juzgarlos es un error que no debemos permitirnos.

He tratado temas incluso más conflictivos en el aula y tampoco he recibido quejas formales. Cuestionar aspectos religiosos supone, para muchas personas algo que nunca se debería hacer. Por eso los alumnos y alumnas suelen sorprenderse cuando digo, por ejemplo, que la escuela debe fomentar el pensamiento racional y no la fé, que consiste en creer en hechos sobrenaturales sin pruebas. Por tanto el fomento de la fé, debe restringirse a la iglesia. Las familias que quieran que sus hijos o hijas desarrollen pensamientos religiosos son libres de hacerlo, pero en el lugar adecuado, respetando el carácter laico de la escuela igual que las personas laicas y ateas no intentamos exponer nuestra visión en las iglesias, porque respetamos la actividad que en ellas se realiza.

Imagino que después de abordar estas cuestiones, el grupo de whatssap aletargado de las madres de la clase, revivirá y exagerará mis palabras. Las ideas serán valoradas como excéntricas, pero supongo también que no se hablará de mi como una mala persona y se reconocerá que trato bien a sus hijos e hijas. Pero llegará un día, seguro, que una madre o un padre tengan una queja sobre mi -generalmente es debido a la calificación de un examen- y utilizarán el tema de los animales como un as en la manga para reprochar al profesor. Es posible -aunque menos probable- que esta queja venga del equipo directivo o incluso de inspección.

Habrá que responder diciendo la verdad. Estos debates surgen espontáneamente, no se buscan, pero tampoco se evitan. En mis clases nos podemos expresar libremente, incluido el profesor. Si defendiese las posturas opuestas (que el uso de animales como recurso está bien o que la religión debe estar presente en la escuela), a nadie le parecería mal. Considero además que mostrar un punto de vista diferente al que defiende la mayor parte de la sociedad fomenta el pensamiento crítico, especialmente cuando se tratan temas que raras veces se cuestionan, como la religión o el uso de animales.

Pensemos y escribamos sobre los sentimientos de los animales

Como ya se ha comentado en alguna ocasión, el currículo oficial de Biología y Geología no incluye como contenido nada relativo a cómo se sienten los animales, algo que considero una carencia importante, pues no se puede conocer a los animales sin entender sus sentimientos. De hecho, considero este un aspecto más relevante que los enfoques fisiológicos, anatómicos, citológicos, histológicos, etc, que sí recoge el currículo de forma expresa.

Además, es habitual que desde distintas asignaturas haya quejas de la poca capacidad de expresión escrita que tiene el alumnado incluso después de haber superado la ESO y encontrarse en Bachillerato. Injustamente tendemos a responsabilizar de estas carencias al departamento de Lengua y Literatura olvidándonos del carácter transversal con las que las distintas materias deben ser enfocadas. Una transversalidad que incluye también los contenidos en valores y por lo tanto la ética.

Teniendo en cuenta la transversalidad y las carencias señaladas del currículo en mi asignatura decidí poner a mis alumnos de bachillerato unos deberes diferentes, que incluían desarrollar la expresión escrita, reflexionar sobre el trato que damos a los demás animales y tratar de comprender sus emociones. Una actividad que podría haber sido abordada, por tanto, desde el departamento de Biología y Geología, pero también desde el departamento de Filosofía o desde el departamento de Lengua y Literatura.

Los deberes consistían en que los alumnos, en sus casas viesen un video de dos minutos colgado en youtube titulado “La separación de una madre y su hijo”. Escogí esta actividad por varios motivos: no se trata de unos deberes típicos basados en el libro de clase, sino algo que les llama más la atención, un vídeo. Se trata de un video muy corto, por lo que saben que no les va a llevar mucho tiempo. No se ven imágenes que la sociedad consideraría “maltrato animal”, pues no hay dolor físico en ningún momento. El video muestra la separación que hace un granjero entre una vaca y su ternera, en una granja de producción láctea. Después de ver el video, debían escribir lo que habían visto y lo que creían que sentía la madre y la hija.

A continuación reflejaré algunas de las ideas que escribieron mis alumnos y alumnas:

“Tras haber visto el trágico video de cómo separan a un ternero de su madre, vamos a ver el video desde su punto de vista. La madre se queda muy triste y en estado de shock ya que por un momento permanece quieta al ser alejada del ternero. Cuando el pequeño está en la furgoneta la madre aparece y hace todo lo que puede por salvar a su hijo. Todos sabemos que lo peor para una madre es que la despeguen de su hijo. (…) No soy partidario de que solo los humanos tenemos sentimientos. ” (David G.)

“El ternero está temblando cuando lo deja en la furgoneta, antes de eso, no se dejaba coger, él seguía a su madre todo el rato, supongo que ese instinto lo tienen todos los bebes. Dentro de la furgoneta apenas se mueve, tiene miedo, y lo único que debe pensar es volver con su madre. (…) Todos deberíamos tratar bien a los animales, que son como nosotros; ellos también sienten y sufren.” (Aitana L.)

“Se veían en los ojos del ternero mucho miedo y cuando lo dejan en la granja de engorde se ve que esta triste. La imagen de la madre corriendo detrás de la furgoneta es una escena que es difícil que olvide” (Rubén E.)

“Al haber separado la madre de su hijo, al mismo tiempo, también los han separado de la felicidad (Daniel M.)

“Creo que lo que siente la madre, es lo que sentiríamos cualquiera si nos quitaran nuestro hijo: impotencia, dolor y rabia. El momento más crítico es cuando meten al ternero en la furgoneta, y la madre le sigue hasta que ya no puede alcanzarala. Ese momento me parte el corazón”. (Irene G.)

“El problema es que hay muchos intereses de por medio. Por ejemplo las farmacéuticas, empresas de cosméticos o empresas del sector alimenticio. Cuanta más credibilidad se le de al sentimiento animal, menos venderán.”

“Mucha gente afirma que los animales son objetos carentes de sentimientos, basándose en esta absurda idea para justificar el gran genocidio y explotación de animales no humanos (…) Todos los argumentos especistas no son muy diferentes a los argumentos racistas y machistas que se han producido a lo largo de la historia. Tenemos que entender que los animales no son objetos puestos a nuestro servicio, que al igual que nosotros han venido a vivir y experimentar la vida. Es indignante que aún hoy se vea normal que un hijo sea separado de su madre” (Karen M.)

De esta actividad obtengo varias conclusiones:

1.- No es necesario mostrar imágenes de violencia explícita para que los alumnos comprendan cómo se sienten los animales que utilizamos para nuestro beneficio. Y, dicho de otro modo, los alumnos pueden entender que puede haber maltrato animal sin necesidad de violencia física.

2.- Todos los alumnos que han hecho esta actividad han comprendido lo que sucede y han entendido como se siente la madre y la hija.

3.- Los alumnos agradecen estas actividades diferentes y las valoran con interés. En este grupo hay un total de 29 alumnos, de los cuales una media de siete no hace los deberes. Con esta actividad el número de alumnos que no habían traído la tarea se redujo a dos, de los cuales uno tenía motivos que consideré justificados.

4.- En la próxima ocasión haré una pequeña modificación. La mitad de la clase comentará un video con imágenes tristes, pero la otra mitad comentará un video más positivo de animales “de granja” en santuarios (un cerdo jugando, un potro corriendo con su madre por el campo, un toro en la dehesa descansando, etc.) Algunos alumnos leerán en voz alta sus textos. De esta forma se mostrará que los animales, como consecuencia de nuestras acciones pueden sufrir, pero también disfrutar.

Métete en el barro

Todos los profesores y todas las profesoras queremos dejar huella en el alumnado. Pero eso no se puede hacer limitándonos estrictamente a nuestra asignatura y por eso asumimos que debemos opinar sobre cuestiones sociales. El problema es que limitarnos a reproducir las posturas que la sociedad ya acepta tampoco es suficiente.

En todos los centros, desde el claustro docente, se apoyan medidas contra el acoso escolar o el racismo. Pero en cuanto nos alejamos de posturas que la sociedad ya acepta, el apoyo y la implicación del profesorado hacia estas actividades disminuye. Incluso en cuestiones en las que se ha avanzado bastante, como la homofobia.

He invitado en varias ocasiones a asociaciones LGTB a participar en mis clases. Cuentan los problemas que les ha supuesto su orientación sexual en el centro educativo, en la familia o en la sociedad. Las profesoras y profesores de los centros siempre han mostrado su apoyo. A veces incluso han asistido a las charlas o talleres con sus propios alumnos. Y en alguna ocasión me han contado que después de la actividad algún alumno se les ha acercado para decirles lo mucho que les había ayudado la experiencia. Se que muchos profesores tratan el tema de la homofobia en el aula, pero aunque creo que es una forma de discriminación mucho más presente en las aulas que el racismo, el porcentaje de profesores que abordan este tema es considerablemente inferior que los que proponen actividades contra el racismo. Uno de los motivos pudiera ser que las familias se sintiesen ofendidas porque “se está fomentando la homosexualidad en sus hijos”. Cuestionar el racismo no genera conflictos, cuestionar la homofobia, podría generar, al menos, críticas. Seguir Leyendo →

De como tu perro cambio mi (nuestra) vida

Base cubiertas El grimorio.inddJavier Ruiz acaba de publicar su libro De cómo los animales viven y mueren, que trata sobre la relación que mantenemos con otros animales, y cuya lectura recomendamos.

La misma editorial publica en el siguiente enlace una selección de textos suyos de descarga gratuita.

Entre sus escritos destaca una carta que escribió hace un año  a quien abandonó a Caos, un perro que pasaría a formar parte de la familia de Javier y que acababa de fallecer. Recomendamos su lectura:

¡Hola! Esto es una carta extraña, pues no sé a quién le escribo. Solo espero que algún día, por suerte o por tenacidad, llegue a la persona que abandonó a Caos: nuestro perro, que antes no fue nuestro, sino de alguien que no lo merecía.

Llegó a finales de junio del 2012, y se fue la víspera del día de Reyes del 2015, de madrugada. Sí, has leído bien: la noche de Reyes del año 2015. Vivió dos años y siete meses más de lo que supongo creías, y yo hubiese empezado a escribir esta carta en el mismo momento en que nos despedimos de él si hubiera podido reunir el valor para sentarme en la mesa de trabajo junto a la que él descansaba varias horas al día.

Si todavía no sabes si fue tu perro, te diré que lo recogimos en la carretera antigua que conecta Corbera de Llobregat con San Andrés de la Barca (la Ctra. de Sant Andreu), a la altura de aquella finca que está tocando con una de las curvas cercanas al Eroski, donde solía haber una luz exterior siempre encendida por la noche. Y si por fin estás leyendo esto, aprovecho para asegurarte que no te guardo rencor –ni tan siquiera él lo hacía, creo–, solo quiero (queremos) hablar contigo un minuto. Quiero que me escuches, a mí, que tengo la capacidad de llamar tu atención, a diferencia de aquel que fue tu perro una vez, pero no más.

Lo sé. Sé desde el principio que vas a sacar el tema. Era un perro viejo. Lo vimos tras el frenazo en el camino que te comentaba en el párrafo anterior. No obstante, ni yo ni mi pareja pudimos subir al coche sin él; aquel jueves solo queríamos sacarlo de la carretera y darle un sitio donde pasar la noche, aunque a mí me rehuía. Rehuía a todos los hombres, y lo siguió haciendo durante semanas.

Caos

Caos

También te diré que al día siguiente no fui a trabajar, sino a dos o tres veterinarios, y no te voy a engañar. El primero nos dijo que lo mejor era sacrificarlo. El segundo, no. Pero ten por seguro que hubiésemos seguido buscando hasta encontrar a aquel que quería luchar por darle una vida mejor.

Ese mismo día se le diagnosticó la hernia de disco que tenía en la espalda y una artrosis de tipo dos muy avanzada. Como sabes, eso hacía que caminase como las muñecas de Famosa, o como un muñeco de Playmobil, pues presionaba la médula constantemente; si te preocupaste alguna vez, mínimamente, seguro que lo recuerdas. Debes saber que le ayudamos a fortalecer las articulaciones con ejercicios, paseos, medicación (Previcox y Gabapentina) y visitas a la playa, buscando esa calidad de vida que creemos nunca había tenido. La herida de la trufa, aquella que nunca se cerraba, nos dijeron que no era leishmaniosis; y la oreja caída intuimos que fue de una infección que se extendió hasta romper el cartílago.

Era un perro viejo, pero también era un perro bueno, ¿lo sabes? Le gustaban mucho los niños pequeños, pero no comprendemos por qué; y los quesitos. Y sobre todo era fuerte. Tras toda una vida de descuidos, se recuperó. Le cuidamos, y casi corría… Casi. Como te imaginarás, nunca volvió a correr, si es que dejaste que lo hiciera vez alguna. Pero paseaba con nosotros, y no hacía falta que se apresurase, ni suelto ni atado, pues no nos alejábamos nunca demasiado de él.

Al cabo de unos meses nos daba besos, y nos perseguía por la casa, y formaba parte de nuestra familia; y sé que le cuidamos el cuerpo, como se pudo, pero sobre todo le sanamos el alma. De eso sí estoy seguro.

Era alegre, fuerte, cabezón, sociable, cariñoso y muy bueno. Era todo eso, y más. Demostró valentía, fuerza, energía, ganas de vivir y mucho amor por todos nosotros, cuando por fin se le permitió. Al principio, tenía pesadillas cada noche, cada vez que cerraba los ojos, y se escapaba cuando por un casual veía que me quitaba el cinturón, o me acercaba a él con una escoba entre las manos, o escuchaba un ruido fuerte. Pero demostró que quería vivir; que quería vivir mucho más. Y viajó con nosotros por toda Cataluña y Mallorca; a su ritmo, claro.

Ahora te pregunto a ti, a quien dejaste abandonado a Caos: ¿por qué lo hiciste?, ¿qué vida tenía mi perro? Y gracias. Gracias por dejar que nos permitiese cuidarlo y nos devolviese mucho más de aquello que alguna vez llegamos a darle. Quiero que sepas que era tan fuerte, que cuando tuvo que marcharse, hubiera querido seguir peleando por estar con nosotros; al final, se dejó ir. Y nosotros dos lloramos junto a él, durante horas. Si alguna vez lees esto, dime: ¿quién crees que llorará por ti? ¿Quién llorará por aquel que dejó solo, herido y en la oscuridad a un alma mucho más noble que la suya propia?

Si quieres puedes llamarme, escribirme, hablarme sobre la otra vida de mi perro, y recordar que todo aquello que tú no hiciste por él, lo hicimos nosotros. Y volveríamos a hacerlo, toda la vida, todas las vidas; porque no era a él a quien salvábamos, nos salvábamos a nosotros. Y si tú, o alguien de los tuyos lee esto, me gustaría que al menos lo supiese, que pensase en ello por un instante.

¿Podrías decirnos cómo se llamaba antes?, ¿por qué no hubo sitio para él?, ¿por qué le abandonasteis? No te hablo desde el rencor; simplemente no lo entiendo. Y él tampoco lo hacía. Ahora está muerto, y puedes creer que poco importa (tienes razón); porque no importa cómo murió (lo hizo muy bien), solo cómo vivió; eso sí, su otra vida; su segunda vida.

Y a vosotros, a todos aquellos que estéis leyendo esto –seáis pocos o seáis muchos, pero no seáis él o ella–, dejadme ser un poco egoísta. Ya sé que no tengo derecho, pues todos los días mueren cientos de miles de animales y personas a lo largo y ancho del mundo; pero dejadme pedir dos cosas, por mí y por Caos, ya que estos Reyes no han sido especialmente buenos con nosotros. Uno, compartid esto, por favor. Haced que se mueva como testigo vivo de mi (nuestro) perro y que tenga la oportunidad de llegar al verdadero lector de este mensaje; dos, hagamos que Caos, ese perro que tenía la columna y el morro destrozados a golpes, o a malos tratos, y que fue abandonado con aquel mosquetón enorme y oxidado que, con una cadena en su extremo, le había privado de caminar, de correr e incluso de ser, siga vivo; luchemos de verdad contra el maltrato animal y contra el abandono; luchemos por una ley que proteja a los animales y que favorezca las adopciones; y sobre todo luchemos por castigos reales contra los maltratadores, por un modo de consumo sostenible, por ser más naturales, por ser más personas, por aprender de ellos y para ellos; por ser mejores.

Caos, te queremos. Y ni Argos, ni Dana, ni los gatos duermen en el colchón todavía. Solo lo miran vacío, mientras tú ya descansas para siempre en nuestros corazones.

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El término “especismo” en el aula

El especismo es la forma de discriminación más extendida y menos cuestionada en la sociedad, en el aula y en el entorno familiar. Hay varios motivos para ello. En primer lugar los animales no humanos, no son capaces de organizarse y luchar por sus derechos como lo han hecho otros grupos sociales oprimidos. Su liberación depende de la conciencia de personas que no son víctimas de la discriminación basada en la especie. En segundo lugar, la mayor parte de la sociedad obtiene un beneficio del uso de animales como productos.

La psicóloga social Melanie Joy acuñó el término “carnismo” en el año 2001 para designar la incoherencia de considerar que unos animales son comida, mientras que otros no son considerados un recurso alimenticio. Advierte de que para afrontar un problema es preciso darle visibilidad y para ello es necesario ponerle un nombre.

perro vaca

Si somos docentes, madres o padres pensemos cuántas veces hemos utilizado la palabra “especismo” en el proceso educativo. A no ser que seamos personas concienciadas con las consecuencias del uso de animales, lo más probable es que no la hayamos utilizado nunca. En algunos casos se deberá a que tampoco la hemos escuchado nunca y por tanto desconocemos su existencia. En otros el motivo puede ser distinto.

Utilizar el término especismo cuando hablamos con niños, niñas o adolescentes implica admitir la existencia de esta forma de discriminación. La palabra especismo se utiliza por tanto cuando debatimos ese problema, el hecho de que no la empleemos refleja -casi en la totalidad de los casos- que el debate también es inexistente.

 

Crítica a una charla

El miércoles 2 de noviembre (2016) participé en la Universidad Complutense en una charla titulada “Educación desde el respeto a los animales” en el marco de las II Jornadas de Análisis Crítico del Especismo, organizadas por Animal Ethics y por la Asociación Universitaria Contra el Especismo. Al finalizar la charla un amigo me hizo una crítica que me pareció interesante.

Antes de explicar la crítica debo hacer una pequeña introducción. Utilicé un video en el que se mostraba un estudio realizado por el etólogo Frans de Waal que demostraba la concepción de la justicia más allá de los límites de la especie humana. El experimentador y su compañera metían a dos monos capuchinos en dos jaulas transparentes. A continuación ella introduce una piedra en la jaula del primer mono. Cuando devuelve la piedra, recibe un trozo de pepino como recompensa. A los capuchinos les gusta el pepino, así que la devuelve una y otra vez para obtener su premio.

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La pregunta como herramienta para la reflexión

El documental Live and Let Live, dirigido por Marck Pierschel, comienza con Ria Rehberg explicando que en una clase de historia se planteó la pregunta “¿qué hubiéramos hecho si hubiésemos nacido en una sociedad con esclavos?”. Esa pregunta cambiaría su vida. Le hizo darse cuenta de que en la sociedad actual hay una esclavitud evidente, la esclavitud animal y que ella debía luchar contra esta opresión.

Poco después Jack Lindquist, un atleta estadounidense, cuenta que también se hizo vegano por una pregunta que le hizo una amiga: “¿Cuál es la diferencia entre tu perro y un cerdo?” No supo responderla. No encontró una justificación para la explotación de uno y no de otro.

La pregunta también puede utilizarse como respuesta. Cuando al activista por los animales Andrew Kirschner se le plantea el dilema sobre qué haría si se encontrase en una isla desierta, con un cerdo y sin alimentos vegetales que comer, él responde tratando de centrar la reflexión en una situación real: ¿y qué harías tú si vivieses en una ciudad donde tienes la posibilidad de tener una alimentación perfectamente equilibrada sin necesidad de matar a un animal? ¿Dejarías de consumir animales?

Como docentes y familiares tendemos a hacer muchas afirmaciones, pero formulamos pocas preguntas. Nuestro sistema educativo transmite, sin cuestionamiento, el mensaje de que los cerdos, las vacas, los peces, las ovejas, etc. están en el mundo para que los utilicemos. Si esta idea se formulase a modo de pregunta, el alumnado podría llegar a otra conclusión, la suya. ¿Los animales están aquí para que los utilicemos o están para disfrutar de sus propias vidas?

La pregunta es una herramienta fundamental para lograr la reflexión y por tanto la capacidad crítica. ¿Por qué no la utilizamos? ¿Tenemos miedo a que el alumnado cuestione nuestros valores? ¿Tenemos miedo a enfrentarnos a estas preguntas a la vez que las planteamos?

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El pensamiento crítico en la adolescencia.

Varios videos de niños y niñas de poco más de dos años se han hecho vitales en la red. Lloran y protestan porque no quieren comer animales y dan argumentos convincentes y evidentes para cualquiera. La reticencia a comer animales en algún momento del desarrollo de niños y niñas es habitual y se basa principalmente en la empatía; una empatía hacia los demás animales que aún no ha sido moldeada o eliminada por la sociedad. Es importante por tanto que el sistema educativo (social, familiar y escolar) trabaje para fortalecer esta empatía y no para eliminarla.

Aunque la capacidad empática a estas edades tan tempranas es mayor que en adolescentes, la adolescencia cuenta con una ventaja potencial que permite en ocasiones revertir la idea de que los animales están para servirnos. La transición  entre la niñez y la madurez supone un cuestionamiento del entorno. En la adolescencia la persona comienza a desarrollar el pensamiento crítico, no solo hacia las ideas de personas consideradas de entornos alejados, sino del entorno más cercano, incluida la familia.

La sociedad acepta la rebeldía de la adolescencia, siempre y cuando se cuestionen valores de poca relevancia: cuándo puedo utilizar el ordenador, cuándo puedo utilizar el teléfono móvil, a qué hora tengo que llegar a casa después de salir de fiesta, etc. Pero, aunque docentes y familiares decimos querer contribuir en el desarrollo del pensamiento crítico, son pocas las que aceptan que un adolescente cuestione los valores que se le han transmitido desde la infancia. Los adolescentes que cuestionan valores sociales, como la visión de los animales como un recurso, suelen ser ridiculizados en el entorno familiar, escolar e incluso entre los propios amigos y amigas. Ni se espera, ni se acepta, que el pensamiento crítico llegue tan lejos. Pero es este cuestionamiento profundo el que necesita la sociedad para su renovación.