(Óscar Horta) Charlas en centros de secundaria sobre el especismo, la ética y los animales

Durante el curso académico que está ahora acabando he estado dando algunas charlas en centros de enseñanza secundaria de Galicia sobre la ética y los animales, a estudiantes de edades entre aproximadamente los 14 y los 17 años. Las charlas han sido en sitios muy distintos, en institutos del ámbito tanto rural como urbano, así como en localidades de tamaño medio. (Por distintos problemas no he podido asistir a todos los lugares donde hubo interés en esta charla, por lo cual pido disculpas, aunque sé que unas disculpas no son un sustituto de una charla, claro).

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Hay varias conclusiones interesantes que creo que se pueden sacar haciendo estas actividades, en las que otras personas y colectivos como Aula Animal han trabajado ya extensamente. La recepción y resultados de las charlas creo que han ido en línea con lo que por mi parte al menos he observado en otras charlas en institutos y universidades, y también en cierta medida en eventos para otros públicos (como en charlas de Ética Animal y de otras organizaciones). Pero en este caso el método de evaluación de las charlas fue algo más sistemático. Según se mejore en esto, se podrán hacer evaluaciones más precisas, que ayuden a organizar mejor el contenido y el enfoque de las charlas y la educación antiespecista.

Método en las charlas
Para intentar evaluar los resultados obtenidos en las charlas, se siguió siempre el mismo patrón en las presentaciones. Asimismo, a una parte del alumnado que asistió se les repartió con posterioridad un breve cuestionario, preguntándoles acerca de los conceptos más básicos que se habían presentado en la exposición.

La estructura de las charlas fue la siguiente:
(1) Se explican las razones para respetar a los animales.
(2) Se expone qué es la sintiencia y por qué muchos animales la poseen.
(3) Se explica por qué las razones para respetar a los animales implican también que no se les debe discriminar.
(4) Se expone el concepto básico de justicia como imparcialidad, y se explica por qué le resulta intuitivo a casi todo el mundo.
(5) Se expone el concepto de especismo, explicando que es análogo a otras discriminaciones humanas, y por qué va en contra del concepto de justicia que la mayoría tenemos.
(6) Se ponen algunos ejemplos de explotación animal.
(7) Se ponen algunos ejemplos de seres humanos ayudando a animales no humanos. Primero se pone algún ejemplo de animales domesticados, después se presentan, con más detenimiento, ejemplos de animales en la naturaleza.
(8) Se hace un resumen de la presentación hilando todos los puntos en un argumento común en torno a la idea de justicia. Se concluye que nuestra actitud hacia los animales puede ir de acuerdo o en contra de lo que a la mayoría nos parece justo si pensamos de forma imparcial.
Se usó una presentación con muy poco texto y, sobre todo, gráficos e imágenes. Se optó por una presentación de unos 30 mins., seguidos por sesiones de diálogo y preguntas.
Por último, las preguntas planteadas en el cuestionario fueron acerca de qué es el especismo, qué es la sintiencia y cuáles son las razones básicas para no discriminar a los animales.

El especismo no es difícil de cuestionar (en la teoría)
Los contenidos presentados tuvieron bastante buena acogida. En concreto, contra lo que alguna gente piensa, la mayoría de las personas que asisten a estas charlas aceptan los argumentos para rechazar el especismo. Esto es así tanto entre estudiantes como entre el profesorado (que normalmente también acude a estas charlas). Y el profesorado muchas veces es particularmente sensible a charlas con un contenido muy ideologizante. Sin embargo, por lo general la impresión que se llevan de las charlas es positiva, lo cual muestra que no ven que la discusión sobre el especismo sea algo fuertemente ideologizante (lo cual pensarían si se tratase de algo muy controvertido y difícil de aceptar).
Por supuesto, estas reacciones tan positivas se dan porque las personas asistentes a la charla no están asumiendo verdaderamente todo lo que supone rechazar el especismo. Pero aun así, es positivo que por lo menos se cambie la forma de pensar hacia este asunto. Ello pone a las personas en una disposición diferente de cara a plantearse cómo debemos actuar hacia otros seres sintientes. Y también ayuda a difundir un cambio de actitudes en la sociedad.

Sí que se puede hablar de veganismo, si se plantea bien el tema
Lo que genera controversia no es realmente la discusión sobre el especismo. Por el contrario, el punto más controvertido es (como podría esperarse), la discusión acerca de si debemos dejar de comer productos animales. Aun así, esta discusión puede llevarse a cabo también sin mayores problemas, al menos si se siguen un par de recomendaciones:
(1) La primera, que esta discusión se plantee no al inicio de la charla, sino más bien hacia el final, una vez ya se ha discutido el especismo y la necesidad de respetar a todos los seres sintientes. En ese punto, hay una mayor disposición a considerar este tema, pues las personas que asisten a la charla ya tienen una actitud favorable hacia los animales y en muchos casos de complicidad con la persona que da la charla.
En cambio, si se procede al revés y tratamos primero el veganismo y luego los argumentos acerca del especismo, la reacción es diferente. El resultado es que hay menos disposición a considerar el tema del veganismo. Y no solo eso, sino que, luego, la aceptación de los argumentos acerca del especismo es menor. Ya se parte de una actitud de cautela y de rechazo a cuestionar el especismo. Esto sugiere que la mejor vía de acción parece ser la de cuestionar el especismo antes de pasar a hablar de las consecuencias prácticas que ello tiene.
Lo que creo que no se debe hacer es no hablar del tema. Creo que se debe hablar de especismo y se debe hablar de veganismo.
(2) No se debe usar un lenguaje imperativo, utilizando expresiones como “lo que tenéis que hacer es ser veganas y veganos”. Da mejores resultados exponer todos los argumentos y concluir: “a partir de aquí, la decisión es vuestra”. Eso sí, explicando muy claramente que si se aceptan los argumentos expuestos lo que se sigue es ser vegano o vegana.
Esto no niega que pueda haber otros contextos distintos en los que el lenguaje imperativo sí que funcione. Hay personas a quienes quizás sí que les pueda motivar positivamente en ciertas situaciones. Con todo, no parece que sea así en las charlas para un público sin conciencia previa sobre el tema, como en este caso.
Realmente esto tiene perfecto sentido, por el motivo siguiente. Si presentamos una serie de argumentos que claramente indican que si pensamos “y” debemos hacer “x”, y explicitamos esto de forma clara, que además digamos “por lo tanto, es vuestra obligación hacer esto” no añade ninguna información nueva. Si los argumentos son convincentes, lo van a ser independientemente de que añadamos o no esa coletilla.
Además de esto, aquí hay un punto psicológico a tener en cuenta. Cuando nos dicen que debemos hacer algo, a menudo tenemos una tendencia a pensar que nos están dando una orden. Eso puede generar rechazo. En cambio, cuando llegamos a una conclusión por nuestra cuenta, tenemos una motivación mucho mayor para actuar conforme a ella. Por eso es importante evitar que se dé la reacción de rechazo, y que la gente entienda que son sus propias ideas las que les llevan a aceptar el antiespecismo y el veganismo.
En definitiva, se trata de que entiendan y acepten que si piensan y, deberían hacer x, aunque no les digamos “¡debes hacer x!”. Se trata de promover que tengan ese dilema moral. Y que ese dilema no tenga que nada que ver con hacer caso a alguien, sino con sus propias convicciones. Estos dilemas son los que se necesita que ocurran en la mente de la gente para que se cuestione el especismo.

La intervención para ayudar a los animales se acepta fácilmente
Hay muchas personas implicadas en el antiespecismo que tienen miedo de defender que se ayude a los animales en situación de necesidad en la naturaleza. Incluso aunque estén totalmente de acuerdo con hacerlo, creen que la mayor parte de la gente rechaza totalmente esa idea, e incluso la considera absurda. Sin embargo, entre las personas asistentes a las charlas hubo una aceptación muy amplia de tal idea. No se plantearon en las charlas casos de intervención radicales, pero todos los ejemplos presentados fueron bien aceptados. Estos incluyeron casos de animales heridos, enfermos o atrapados siendo rescatados, de refugios para animales huérfanos, de asistencia médica a animales heridos o enfermos, de vacunación de animales salvajes, o de aprovisionamiento de comida para animales en riesgo de morir de hambre, entre otros. Todos fueron entendidos como consecuencias claras de rechazar el especismo.
De nuevo, no parece que haya que tener miedo en presentar esta cuestión en charlas de este tipo.

Un guarda forestal interviene en la naturaleza para salvar la vida de un koala.

Un guarda forestal interviene en la naturaleza para salvar la vida de un koala.

Es un error minusvalorar a las personas menores de edad
Por otra parte, también es de interés comentar muchos de los cuestionarios mostraron que los conceptos básicos de la charla se habían comprendido de manera más o menos adecuada (claro está que se trataba de conceptos bastante simples y básicos).
Sobre esto hay que decir que las personas de edades menores de 20 o veintipocos años tienen una disposición a pensar sobre ideas novedosas que de media es bastante mayor que la de personas de edades ya mayores (no es que suceda nada peculiar justo a los 20 años, claro está, esta cifra está elegida de una manera vaga y aproximada, sin ninguna pretensión de exactitud). Esta mayor disposición se mostró en la recepción positiva de estas charlas (personalmente, también la he podido comprobar en los primeros cursos de enseñanza universitaria). Ante esto, parece buena idea organizar eventos dirigidos a estas personas.
Hay otra cosa importante a tener en cuenta acerca de esto. Es muy común que se tenga una actitud condescendiente con las personas menores de edad (y también con las que tienen solo unos años más de lo que se considera social y políticamente “mayoría de edad”). Se piensa que, por su falta de experiencia en toda una serie de cuestiones, no pueden entender bien ideas de una cierta complejidad, en particular si son ideas éticas y políticas. Esto, a mi entender, es un error y una muestra de un prejuicio de edad, y creo que los resultados de estas charlas así lo muestran. Sí que pueden entender bien dichas ideas y, como he comentado arriba, a menudo tienen una apertura de mente y una capacidad de reflexión sobre ellas que es de hecho mayor que la que tienen muchas personas socialmente consideradas adultas.
A este respecto, creo que las personas de menos edad deberían ser tratadas con más respeto, y ser más tenidas en cuenta, de lo que comúnmente se hace. (Es por eso que para nombrar a las personas que asistieron a las charlas, el término que me parece más adecuado, y que de hecho se ha empleado más en este post, es precisamente ese, “personas”, más que otros como “estudiantes” o “alumnado”, que también se han empleado).

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No hay que tener miedo al rechazo
Al margen de lo dicho arriba, hay que indicar también que, como es de esperar, siempre hay parte del alumnado que tiene una actitud contraria. Normalmente esta actitud ya se tiene de partida, con anterioridad a la charla. Esto no tiene nada de raro. En otro contexto, estas personas no asistirían a una charla así, pero acuden por ser una actividad organizada por su centro.
Es de destacar que varias de las charlas tuvieron lugar en zonas predominantemente ganaderas. De hecho una parte del alumnado que asistió a las charlas proviene de familias que se dedican a la explotación láctea. Y, por tanto, son personas que participan de tal negocio, ayudando en casa en las tareas necesarias para llevar adelante dicha explotación. Sin embargo, incluso entre este grupo se han dado también actitudes diversas, y ha habido quienes han tenido una disposición a escuchar y pensar sobre el tema. También, por supuesto, ha habido actitudes de frontal rechazo desde un principio y de casi abierta hostilidad. Esto es normal, pero no debe cambiar nuestro modo de actuar. Aunque no podamos conseguir que todo el mundo se cuestione el especismo, siempre habrá un grupo que sí lo hará.
También hay parte del profesorado que puede estar en desacuerdo con lo expuesto en las charlas. No obstante, si la charla se hace, como se ha comentado arriba, animando a que las personas asistentes reflexionen, el profesorado normalmente entiende que se trata de una actividad que anima a pensar, y no tiene una actitud hostil.
En cualquier caso, este es un campo que todavía hay que explorar. Es mucho el trabajo que hay que hacer, aplicando lo que puedan enseñar las ciencias de la educación y otra ciencias sociales.

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