Un elefante en la habitación

Esta mañana, con mis alumnos de 2º de Bachillerato de Ciencias de la Tierra y del Medioambiente hemos estudiado tres enfoques para la gestión de los recursos naturales: la explotación incontrolada, el conservacionista a ultranza y el desarrollo sostenible.elefante

Para explicar los tres puntos de vista el libro utiliza a los elefantes africanos, tratándolos  como un recurso natural más. Para mostrar el enfoque “conservacionista a ultranza” utiliza como ejemplo a las empresas de safaris que, para ganar dinero, no quieren que se mate a ningún elefante. El punto de vista de “explotación incontrolada” lo representaban con los agricultores que veían sus cosechas dañadas por los elefantes y querían matar a todos ellos para evitar las pérdidas, comer su carne y vender el marfil.

El libro apostaba por una postura de “desarrollo sostenible”. Es decir “cazar únicamente para regular la población de elefantes evitando la sobreexplotación del recurso (que puede llevar a su extinción), pero impidiendo también los daños ambientales derivados de un crecimiento excesivo de la población.

Los alumnos han comprendido perfectamente los tres puntos de vista, el del empresario de safaris, el del agricultor y el del autor del libro. Pero cuando les he dicho que faltaba un cuarto punto de vista, el de los principales afectados en la decisión de matar o no matar elefantes, nadie ha respondido. Nadie sabía a quién más había que tener en cuenta.

Cuando he dicho que los principales afectados eran los propios elefantes, algunos han sonreído pensando que lo decía en broma. ¿Qué ha hecho el sistema educativo con su empatía hacia los animales para que no vean un elefante en una habitación?

Diego Jiménez

Oct 2016