Derechos animales. ¿Qué se dice en las aulas?

En su edición digital del 24 de enero de 2017, la revista Jara y Sedal nos regalaba otro ataque al movimiento de derechos animales. El título de la publiación presagiaba algo bueno, “Esta es la interesante reflexión sobre el animalismo de Jesús G. Maestro, profesor universitario”. El subtítulo, lograba incrementar el sentimiento de espectación: “profesor de teoría y crítica de la literatura y autor del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, carga contra los animalistas y desmonta sus argumentos.”

Parecía que esta vez sí, Jara y Sedal había conseguido una persona formada que iba a exponernos, en un video de 58 segundos, argumentos demoledores en contra de los derechos animales.

Los videos de Jara y Sedal suelen mostrar a hombres (o niños, como ocurrió con su portada de diciembre de 2016) matando animales o portando armas y cadáveres con pose varonil. Los testimonios de la revista corresponden a este mismo modelo de persona con un sistema endocrino rebosante de testosterona y un sistema nervioso central que le capacita para una escasa capacidad de análisis. Pero esta vez el planteamiento era diferente, tenían a un profesor de universidad (director de la Cátedra de Filosofía Cervantina de la Facultad de Filosofía de León, Méjico).

Estas son sus declaraciones transcritas de forma literal:

“Ellos (los animalistas) solo responden ante aquello que va en contra de sus consignas. Por ejemplo, en cierta ocasión me decían, “es que yo defiendo los derechos de los animales”. ¡Los animales no tienen derechos! Es decir, los animales tienen los derechos que los seres humanos les asignen. Porque los, los animales no se pueden reunir en un consejo, eh, cuando el tigre deja de comer a la cebra. Porque eso es infantil completamente hablar de los derechos de los animales. Porque eso implica ni saber lo que es un animal, ni saber lo que es el derecho. Eh, y, pero claro, uno se pone en estos términos, eh, no, y automáticamente lo califican de fascista, no, por ejemplo, no, de fascista, porque se supone que predicandole al tigre que no tiene que comer la cebra, verdad, eh, hombre, hablándole al tigre de Erasmo de Rotterdam se puede pacificar al tigre. Bueno, pues muy bien. Pues muy bien. Pues muy bien. Pero es que las universidades no son manicomios.”

A pesar de las dificultades para la expresión del profesor de literatura, su tono soberbio y su actitud irrespetuosa, se podía entender la idea simple que quería transmitir: “Las universidades no pueden difundir la idea de los derechos animales, porque esa teoría se basa en que los animales tienen unas capacidades cognitivas que solo los humanos poseemos”.

El profesor Maestro no citaba a ninguna autora o autor de la teoría de derechos animales que defendiese la idea de que los animales no humanos pueden reunirse en asamblea para debatir sobre si está bien o mal matar a otros animales. Y si esa es la base sobre la que se asientan los derechos animales, no debería haberle supuesto un gran esfuerzo.

Para que a un animal se le reconozcan unos derechos, no es necesario que ese animal tenga las capacidades que se le atribuyen a la mayoría de humanos adultos. Esa es una visión antropocentrista y especista de quienes cuestionan los derechos animales, no de quienes los defienden. Y el profesor Mestro, si se hubiese leído un solo libro o un artículo sobre esta cuestión, lo sabría (al igual que sabría que los tigres viven en Asia y las cebras en África, por lo que los tigres no matan cebras).

Dado que los demás animales no tienen nuestra capacidad para reflexionar sobre los aspectos éticos de matar a otros animales, no podemos exigirles que lo hagan. Pero sí debemos realizar esa reflexión quienes somos capaces de hacerla.

El autor afirma que los animales no pueden tener derechos porque no pueden luchar por ellos. Esta idea asusta. Plantea que, quienes estén en una posición social tan desfavorable que les impida la organización y reivindicación social, no son sujetos de derechos. Maestro -consciente o inconscientemente- deja por tanto fuera del círculo moral a aquellas personas que (por edad, enfermedad o accidente) no poseen unas capacidades cognitivas que les permitan defenderse de las injusticias y reivindicar sus derechos. De las palabras del profesor se deriva la idea de que las personas con discapacidad intelectual, los niños o los ancianos con demencia senil, no tienen derechos.

Las declaraciones de Mestro nos sirven, eso sí, para cuestionarnos la figura del profesor como persona que expone unas ideas tras un riguroso análisis cimentado sobre una vasta documentación. El autor -a pesar de su currículum- es un ejemplo más de profesor de universidad, profesora de instituto o maestro, que se permite opinar en el aula sobre un tema, como el de los derechos animales, que desconoce por completo. El peligro reside en que el alumnado con un limitado pensamiento crítico no se de cuenta de que sus palabras se basan en prejuicios e ignorancia, de forma que puede asumir sus ideas como válidas, por el simple hecho de que la persona que tiene delante habla con tono de superioridad y está subida a una tarima para remarcar quién es el referente.

Afortunadamente las personas formadas en teoría antiespecista y derechos animales están ganando terreno en las universidades, especialmente en las facultades de filosofía. Entre el alumnado, cada vez son más las personas que se organizan para luchar por los derechos de aquellos que no tienen capacidad para hacerlo.

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