Laura Gonzalo: activista y futura veterinaria

Laura Gonzalo es una activista que, para ayudar a los animales, ha decidido estudiar la carrera universitaria que más vínculos tiene con la explotación animal: veterinaria. Esperamos que cada vez haya más estudiantes como ella.

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¿Qué ocurrió en tu vida para que empezaras a interesarte por el tema del respeto animal?

Durante muchos años he vivido plenamente integrada con el especismo. Yo creía que respetaba a los demás animales, porque nunca “maltrataba” a ninguno, sentía afinidad y paz en contacto con ellos, odiaba las corridas de toros y no soportaba la violencia explícita. Sin embargo, me parecía perfectamente normal comerme sus cuerpos o vestirme con cuero fabricado con su piel. La normalización de la opresión a los animales es aplastante. Fueron otras personas que ya habían entendido la realidad las que me quitaron la venda de los ojos. Recuerdo el momento exacto en que me hice vegana: no fue con imágenes sangrientas de mataderos, sino todo lo contrario. Estaba viendo un vídeo precioso de un santuario en el que salían varios habitantes de distintas especies y sus responsables hablaban de ellos. De pronto me di cuenta de algo que es muy evidente, pero que me había pasado desapercibido hasta entonces: que, al igual que la personalidad de cada uno de mis perros y gatos es diferente, la de aquellos cerdos, vacas y gallinas también lo era. Llevaba toda la vida cosificando a los demás animales y pensando en ellos como un todo: los cerdos, las vacas y las gallinas, sin considerar que cada individuo es único e irrepetible, y por eso cada vida cuenta y cada vida sesgada es una tragedia. Entonces todo el horror del holocausto animal que se lleva produciendo milenios cayó sobre mí y supe que iba a dedicar el resto de mi vida a visibilizarlo y combatirlo.

¿Qué visión transmiten sobre los animales en la Facultad de Veterinaria?

La Veterinaria, hoy por hoy, es la ciencia de explotar a los animales. No se limita exclusivamente a la medicina, sino que una parte importante del currículo académico se dedica a los llamados “animales de producción”. Una de las labores de los veterinarios es garantizar la higiene y la calidad de los productos de origen animal y la manera de abordar el estudio de dichos animales es terrible. Aprendemos cosas como, por ejemplo, la edad idónea de sacrificar a un bebé para que el producto tenga la mejor calidad. Manejamos conceptos como “rendimiento de la canal”, que es una forma muy fría y aséptica de expresar una realidad muy cruel: qué cantidad de carne se produce con el cuerpo de un individuo.

Estudiamos las distintas razas y las maneras de “mejorarlas” para adaptarlas a nuestros gustos y requerimientos. Clasificamos a los animales por sus aptitudes, siempre al servicio del ser humano. En resumen, los animales son meros objetos de producción que manejamos para obtener de ellos un beneficio.

En algunas asignaturas se habla del bienestar animal. Es cierto: se trabajan métodos destinados a minimizar el sufrimiento de los animales durante el transporte al matadero y durante su asesinato, y gracias a que hay veterinarios en mataderos, la muerte es menos agónica. Pero siempre todo desde una perspectiva meramente bienestarista, que sirve para justificar la explotación de otros seres mientras se mantiene la conciencia tranquila.

Hace unos meses, la directora del Hospital Clínico Veterinario Complutense lamentó en una entrevista que no se haya sacrificado a la vaca Carmen, que vive en el Santuario Wings of Heart. En palabras de ella, “no se ha seguido el mismo procedimiento que el resto del ganado en España”. Esta señora, como muchas otras personas, no es capaz de concebir que una vaca no sea algo más que “ganado”. Nadie en su sano juicio diría que habría que haber sacrificado, por ejemplo, a una persona humana contagiada de ébola, pese a la gravedad de la enfermedad. Pero si estos mismos criterios se aplican a un animal de especie no humana, te acusan de demagogia. ¿Qué diferencia hay? La respuesta siempre es la misma frase poco reflexionada y menos justificada: “no se puede comparar a una animal con una persona”.

¿Crees que la facultad podría prescindir del uso de animales?

No del todo. Siempre va a ser necesario estudiar animales reales para aprender, del mismo modo que ningún cirujano de humanos se pone a operar a nadie sin haber hecho muchísimas prácticas previas con cadáveres. Pero en Medicina Humana no se asesina a nadie para experimentar con su cuerpo, sino que se aprovechan cadáveres donados.

En la facultad hacemos prácticas con animales y vísceras procedentes de mataderos. Si no dispusiéramos de estos restos mortuorios para aprender su anatomía, como sería deseable (¡ojalá no hubiera mataderos!) tendríamos que trabajar con cadáveres donados, como se hace en Humana, o adquirir modelos sintéticos y digitales. Sería deseable que en Veterinaria se aplicaran los mismos procedimientos y valores que en Medicina.

También se utilizan animales “de laboratorio” para diversos experimentos y se mantienen perros Beagle para prácticas. Esto debería desaparecer por completo. La tendencia mundial es a reducir los experimentos con animales y a sustituirlos paulatinamente por otras alternativas. Pero esto requiere voluntad y, sobre todo, una inversión económica que no están dispuestos a llevar a cabo.

¿Cómo ve el alumnado de la facultad a los animales?

Hay de todo. El antiespecismo todavía es algo insólito y apenas somos unas pocas veganas en la facultad. También hay gente en el polo opuesto: aficionados taurinos, gente de familia ganadera, personas del mundo de la hípica… Quizá el perfil más abundante es el de persona que siente cierta afinidad por los animales (sobre todo los llamados “de compañía”), de tendencia bienestarista, pero que no ha mirado más allá. Lo peor es que la información que reciben en las aulas lo que hace es afianzar la normalización de este especismo brutal. Por eso es muy importante hacer activismo dentro de la propia Universidad, para ofrecer a los futuros veterinarios herramientas críticas con las que defenderse de la postura supremacista oficial y ejercer la profesión de manera más ética y responsable.

Fuiste la portavoz de la masiva manifestación que tuvo lugar el pasado 13 de Mayo en Madrid contra la tauromaquia. ¿Cómo conseguisteis ese éxito en la convocatoria?

Él éxito de la manifestación del 13M obedece a una razón evidente: la mayoría de la sociedad española rechaza la tauromaquia. Entre 2007 y 2015  los festejos en plaza disminuyeron en un 52,2% y hasta las grandes ferias cierran sus balances con importantes pérdidas económicas. El apoyo entre los ciudadanos ha descendido en los últimos 3 años de un 30 a un 19%. Según datos oficiales del Ministerio de Cultura, en 2015 tan solo el 6,9% de la población asistió a una corrida de toros. Cada vez hay más gente que se avergüenza de que una práctica como esa, que consiste en torturar a un animal para regocijo del pueblo, sea considerada fiesta nacional. La tauromaquia tiene los días contados y las manifestaciones cada vez van a ser más multitudinarias.

Además, eres la portavoz de Gladiadores por la paz. ¿Por qué crees que es importante colaborar con este colectivo?

Gladiadores por la Paz es un colectivo que, en muy poco tiempo y con muy escasos medios, ha conseguido poner el tema del maltrato animal en el foco público en muchas ocasiones y en medios de primer nivel. Promovemos el veganismo y denunciamos todo tipo de violencias e injusticias contra animales de cualquier especie, incluyendo la humana, y en ese sentido realizamos también acción social, como por ejemplo las cenas veganas que damos los lunes a las personas sin hogar de Madrid.

Una parte considerable del trabajo de Gladiadores se enfoca a la lucha contra la tauromaquia y los festejos con animales. Consideramos que la sociedad está sobradamente evolucionada como para aceptar la abolición de espectáculos en los que se tortura y mata a otros seres por pura diversión.

Detrás de estas prácticas, al igual que del carnismo y de cualquier forma de opresión animal, se encuentra la poderosa raíz del especismo. Sabemos que el objetivo final es la abolición de toda forma de esclavitud, pero también somos conscientes de que se trata de una carrera de fondo en la que hay que ir superando objetivos estratégicos. Las revoluciones no se producen de la noche a la mañana y todos los avances en defensa animal contribuyen a generar el caldo de cultivo apropiado en el que se gestará el cambio definitivo de paradigma.

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