El pensamiento crítico en la adolescencia.

Varios videos de niños y niñas de poco más de dos años se han hecho vitales en la red. Lloran y protestan porque no quieren comer animales y dan argumentos convincentes y evidentes para cualquiera. La reticencia a comer animales en algún momento del desarrollo de niños y niñas es habitual y se basa principalmente en la empatía; una empatía hacia los demás animales que aún no ha sido moldeada o eliminada por la sociedad. Es importante por tanto que el sistema educativo (social, familiar y escolar) trabaje para fortalecer esta empatía y no para eliminarla.

Aunque la capacidad empática a estas edades tan tempranas es mayor que en adolescentes, la adolescencia cuenta con una ventaja potencial que permite en ocasiones revertir la idea de que los animales están para servirnos. La transición  entre la niñez y la madurez supone un cuestionamiento del entorno. En la adolescencia la persona comienza a desarrollar el pensamiento crítico, no solo hacia las ideas de personas consideradas de entornos alejados, sino del entorno más cercano, incluida la familia.

La sociedad acepta la rebeldía de la adolescencia, siempre y cuando se cuestionen valores de poca relevancia: cuándo puedo utilizar el ordenador, cuándo puedo utilizar el teléfono móvil, a qué hora tengo que llegar a casa después de salir de fiesta, etc. Pero, aunque docentes y familiares decimos querer contribuir en el desarrollo del pensamiento crítico, son pocas las que aceptan que un adolescente cuestione los valores que se le han transmitido desde la infancia. Los adolescentes que cuestionan valores sociales, como la visión de los animales como un recurso, suelen ser ridiculizados en el entorno familiar, escolar e incluso entre los propios amigos y amigas. Ni se espera, ni se acepta, que el pensamiento crítico llegue tan lejos. Pero es este cuestionamiento profundo el que necesita la sociedad para su renovación.